Carla Pérez González, alumna de primero del Bachelor Degree in Hospitality Management, se sentó a dialogar con ella para descubrir qué hay detrás del acompañamiento que recibe cada estudiante. Este diálogo confirma algo que en Vatel se repite a menudo: conocernos de verdad es lo que marca la diferencia.
Doce años formando vocaciones
Doce años no son una cifra cualquiera: son más de una década viendo pasar promociones enteras de estudiantes, acompañando primeras dudas y últimas entregas, y construyendo, curso tras curso, el tipo de relación cercana que distingue a Vatel de cualquier otra escuela de hostelería.
La energía que lo cambia todo
Cuando le preguntamos qué es lo que más le gusta de trabajar con estudiantes, Adriana no duda: «La energía de la gente joven, su desparpajo y soltura, las ganas de hacer cosas, la franqueza y el entusiasmo». Y añade algo que resume el espíritu de todo un equipo: «Ver la evolución y el crecimiento de los alumnos es mágico». Esa frase podría ser el lema de cualquier miembro del equipo Vatel: aquí no se trata solo de impartir clases, sino de ser testigos y cómplices del cambio que vive cada alumno.
Gestionar personas, el mayor reto
Ser responsable académica no es solo coordinar horarios y seguir expedientes. Adriana reconoce que Vatel es muy exigente en cuanto a normas, lo que la ha obligado a aprender a gestionar las distintas circunstancias que surgen y a ser flexible sin perder el rigor. «Todo forma parte de un proceso de aprendizaje», explica. El seguimiento académico del día a día fluye casi solo, pero los casos más delicados exigen encontrar el punto medio justo y saber comunicarlos bien. Para ella, lo más exigente de su papel como coordinadora es, precisamente, gestionar personas y equipos: un recordatorio de que, detrás de cada normativa, hay siempre alguien escuchando.
Un consejo que vale una carrera
Le preguntamos por el error académico más habitual entre los estudiantes, y su respuesta invita a la reflexión: subestimar la información que reciben. «Es parte de la juventud», admite Adriana, «pero es importante estar atentos y no subestimar la información que recibimos. Hay que dar el beneficio de la duda». Es un consejo que suena a experiencia acumulada curso tras curso, y que resume bien su forma de entender la relación con el alumnado: cercana, pero también honesta. Y es precisamente esa evolución la que más orgullo le genera: «En segundo se nota que llegáis más sueltos y confiados», cuenta, con la satisfacción de quien ha visto crecer a cientos de estudiantes.
Lo que abre puertas
Si pudiera volver atrás, a su propia etapa universitaria, Adriana se habría dicho a sí misma que la formación le iba a abrir puertas: «Nada es una limitación, una puerta abre cientas». Una frase que bien podría colgarse en cualquier pasillo de Vatel. Y si tuviera que volver a sentarse en las aulas como alumna, elegiría Gestión, «porque es la base de un negocio», o los idiomas, piezas igual de fundamentales para quien se forma para liderar en el sector hotelero.
El lado humano de Adriana
Fuera del campus, Adriana desconecta con el cine, el gimnasio, el CrossFit, la escritura creativa y la lectura. Entre sus recomendaciones para el alumnado destaca El gran hotel Budapest, de Wes Anderson, especialmente la escena del bellboy: un guiño perfecto para quienes se están formando en hospitalidad.
Pero si algo queda claro al final del recorrido es cómo quiere ser recordada: «Me gustaría que me recordaseis como una persona que os ha ayudado durante vuestro proceso». Esa es, en el fondo, la esencia de Vatel España: un equipo cercano, humano y accesible, que no se limita a enseñar, sino que acompaña. Conocernos de verdad, como demuestra este encuentro entre Carla y Adriana, es lo que convierte un paso por la universidad en una experiencia que se recuerda toda la vida.
No podemos cerrar este encuentro sin reconocer la valentía de quien lo hizo posible: Carla. Estar apenas en primero y sentarse frente a la responsable académica, mirarla a los ojos y plantearle preguntas sin miedo, con la cercanía y la naturalidad de quien habla con alguien de confianza, no es poca cosa. La valentía con la que Carla condujo cada pregunta es, en el fondo, el reflejo exacto de lo que esta entrevista cuenta: en nuestra escuela las distancias se acortan desde el primer día, y los alumnos descubren pronto que quienes dirigen la escuela son, antes que nada, personas cercanas, dispuestas a escuchar y a dejarse conocer.